Corría el año 1988, por entonces yo cantaba en el grupo Saoco Son bajo la Dirección de mi entrañable amigo Rey Crespo, prominente bajista y excepcional arreglista.
El grupo, acompañaba a la cantante Malena Burke, hija de la ya fallecida Elena Burke, afamada "Señora Sentimiento" de la canción cubana.
En el cabaret Tropicana, se presentaba por esas fechas el Show por el 50 aniversario del Cabaret , y Malena fue seleccionada por una temporada, para actuar como Artista Invitada
en el mismo, con tres o cuatro interpretaciones.
El grupo Saoco Son la acompañaba en esta actuación, y como yo era el cantante y no tenía mucho que hacer en este trabajo, me pusieron a cantar a dúo con ella una canción de Juan Luis Guerra y la 440, que por entonces estaba en los primeros lugares de las listas de éxitos mundiales, Abeja al Panal.
Ataviado con sombrero Jipi - Japa blanco, y con un traje de chaqueta corta, salía noche tras noche a la misma hora, después que Malena cantaba la primera canción, e irrumpía yo en el escenario, cantando la primera parte de la canción al estilo Juan Luis Guerra, y después seguíamos a dúo.
Al final, todo el cabaret, inmenso, bajo las estrellas, lleno de luces multicolores y extranjeros de todas las nacionalidades sentados en sus mesas, repletas de comidas y bebidas, se ponían de pié y aplaudían delirantes.
Después de cantar mi canción, me retiraba al camerino, donde me cambiaba de ropa y salía a buscar a mi esposa que invariablemente me acompañaba todas las noches.
Salíamos del cabaret y tomábamos la ruta 22, autobús que ya a esa hora, aproximadamente a las 12:30 o una de la mañana, no venía muy lleno, aunque demoraba muchísimo en pasar y como era un articulado, tardaba bastante en llegar a su última parada, frente al Museo de Bellas Artes, donde nos bajábamos, y caminábamos unos 200 metros hasta nuestra casa, una pequeña habitación en un derruído edificio en el número 513 de la calle Empedrado en la Habana Vieja.
Todo el glamour, de ser un cantante de uno de los cabarets más famosos del mundo, desaparecía desde que yo ponía un pié fuera de TROPICANA, convirtiéndome en uno más entre los muchos cubanos de a pié.
Un día, salí de casa a las 4 de la tarde, con el atuendo normal, de un cubano que vive en la Habana Vieja, chanclas sucias y rotas, short de playa desgastado y desteñido, camiseta manchada y rota, y una bolsita de tiendas vieja en una mano; en un bolsillo la libreta de abastecimientos,( racionamiento). Dirección, la carnicería de la calle Empedrado esquina a Compostela, apodada "El caporal", pues había llegado el pollo y debìa recoger, un muslo de pollo que me tocaba ese mes( una libra ).
Después de hacer la cola habitual, entre coterráneos de todo tipo, entre los que había jubilados, amas de casa, delincuentes comunes, etc. de todas las razas, ya con el ansiado trofeo en ristre,
tomé por la calle Empedrado en dirección a Monserrate, para llegar a mi lúgubre cuarto con barbacoa.
De frente a mí, un grupo de turistas venía a mi encuentro, con sus cámaras fotográficas, gafas de sol de marca, ropas nuevas y modernas, en fin, lo de siempre.
Uno de ellos me miró fijamente, y me dijo en perfecto inglés que pude traducir al vuelo:
- Oiga!! usted no estaba ayer en TROPICANA cantando por la noche?
Yo, sentí que el corazón me daba un vuelco, pues este hombre me había reconocido de un vistazo, sin glamour, hecho un harapiento, como yo iba, y lo miré incrédulo.
Inmediatamente todos los turistas que venían con el, que eran como 12, me rodearon y empezaron a decir:
Si!! Si!!! es usted, usted es cantante de TROPICANA!!!
Flash tras Flash, comenzaron a sonar las cámaras fotograficas, y ya algunos sacaban boligrafos y
papeles para que les firmara autógrafos.
Los transeúntes y vecinos de la calle, comenzaron curiosos también a aproximarse y yo no podía articular palabra, con mi muslo de pollo en la mano y la boca abierta como un tonto.
Entonces, de pronto puse cara de enfado y del fondo de mi alma, salieron atronadoras estas palabras:
- Sorry!! están equivocados, será alguien que se parece a mi, no soy yo!!!
Y salí casi corriendo del lugar, con el corazón estrujado, una lágrima pujando por salir de mis ojos, y escuchando detrás de mi a un cubano que asomado al balcón de su casa me gritaba:
- Vaya Raúl!!! estás jineteando fuerte!!!!