Desde 1980, soy músico profesional. Trabajé en toda la Isla, como músico de orquestas, en carnavales por toda Cuba. Pinar del Río, Guantánamo, Holguín, Santiago de Cuba, Baracoa, Camaguey, Villa Clara, Matanzas, La Habana, Ciudad de la Habana, Ciego de Avila, Nipe, etc.
Después, por lógica evolución profesional, comencé a cantar en los mejores centros nocturnos de la Habana, Cabaret Tropicana, Caribe del Habana Libre, Salon Rojo del Capri, Cabaret Capri, Copa Room del Riviera, Parisién del Hotel Nacional; y no un día sino años.
Posteriormente, vino la caida del comunismo y el mal llamado Periodo Especial, haciéndose casi imposible ganar un dinero decoroso en estos menesteres, por lo que comencé a trabajar para el turismo en tríos, sextetos etc. cantando en restaurantes para turistas, por ninguna paga, solamente por las propinas y la venta de discos elaborados por nosotros mismos (por supuesto con pésima calidad) a los extranjeros.
Me econtraba cantando en un restaurante de la Plaza de Armas en la Habana Vieja, llamado La Mina. Allí cantaba 30 minutos cada 30 minutos de once de la mañana a 6 de la tarde, 6 días a la semana, sin microfono, sin comida, con un calor atroz, soportando mil malacrianzas de los "jefes" de gastronomía del lugar y de los más simples camareros y al final del día me ganaba entre nada, uno y 7 dólares promedio, aunque en días de mucha suerte ( los menos) llegaba a casa con 20 dólares, después de caminar más de un kilómetro hasta el Capitolio y tomar un coche de alquiler
de los bautizadaos por el argot popular "almendrones" que me cobraba 10 pesos cubanos hasta la esquina de mi casa, apretado entre otras personas que como yo ansiaban llegar a casa llenos de sudor y olores indescifrables.
Recuerdo que una mañana, como a las 12 del día, con 35 grados y un calor sofocante, mientras cantaba, vi en la puerta de la terraza a una mujer que me miraba detrás de unas enormes gafas de sol con insistencia y rodeada de otras personas que la acompañaban. Cual no sería mi asombro al ver que se trataba de Malena Burke, la hija de la señora sentimiento, Elena Burke, que desde hacía mas de tres años estaba fuera de Cuba y había venido de visita ante la repentina enfermedad de su madre.
Ella había sido compañera mía en Tropicana, donde cantábamos a dúo en el mismo espectáculo.
Por supuesto yo no podía ir hacia ella y saludarla pues estaba cantando, y ella se quitó las gafas de sol, y llorando me gritó desde la puerta: - PERO ERES TU? COÑO QUE TU HACES AQUI HACIENDO ESTO?
Seguidamente se marchó secando las lágrimas de sus ojos y agitando su mano en señal de adiós.
Ese día me di cuenta de que lo que hacía para sobrevivir, en aquel, mi país, era lo último que podía hacer un profesional de la música y que por culpa del capricho de unos pocos, mi carrera como musico y artista se habia ido a la mierda, habia sucumbido ante la necesidad de comer, y dar de comer a los mios.
Pero no había otra cosa que hacer, sino secar una lágrima indiscreta de mi rostro y seguir cantando Hasta Siempre Comandante.
martes, 15 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario