
Me cuesta sobremanera dar mis condolencias a un amigo cuando muere su madre, porque el recuerdo de la mía me lacera y perfora el alma de manera tan desgarradora que prefiero hacereme el de la vista gorda todo cuanto puedo, antes de ponerme frente al querido amigo y decirle que lo siento por tan irreparable pérdida.
Esto es lo que me sucede con Ramiro, mi hermano de lucha aqui en Mallorca, que tuvo la desgracia de perder a su madre y para colmo de no verla por estar ella en Cuba y el aqui.
Hermano, si de algo sirve, recuérdala siempre como el ser más grande y más querido del mundo, como la persona que te dió la vida, a cambio de nada, como el ser más perfecto sobre la tierra.
Lo siento mucho.
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