Desde la recóndita aldea de Riocastiello, en Tineo Asturias, entre los años 1915 y 1930, zarpó el joven Benjamín Fernández Pérez rumbo a Cuba; lleno de ilusiones, de planes para el futuro, lleno de dolor por abandonar la tierra que lo viera nacer, huyendo de la ley de Servicio Militar Obligatorio.
El asturiano, fue directamente a Cienfuegos, al centro de la Isla, donde había otros amigos de su familia y familiares.
Comenzó una nueva vida, lejos del terruño, llena de sacrificios, para poder lograr algo en la vida.
Conoció a Ana Antuña Pérez, hija de asturianos de Tineo, se enamoró, se casó, tuvo tres hijos, Raúl, Benjamín y Ovidio.
Se mudó a la Habana, y allí, con su sudor, logró después de mucho bregar, poner un negocio propio, una bodega en las esquinas de las calles Oficios y Santa Clara en la Habana Vieja.
Allí murió con 80 años, rodeado de su descendencia.
Mantuvo siempre sus tradiciones asturianas, las cuales transmitió a sus hijos, y estos a su vez a sus nietos, entre ellos yo, que ahora, he "regresado" al terruño de él, mi abuelo, a labrar mi incierto futuro en España, la tierra que lo vió nacer y me verá morir en su lugar.
martes, 14 de agosto de 2007
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